En boca de muchos

Legisladores todoterreno

«Conocer el terreno».

Esta frase sintetiza la glorificación del relato en primera persona en la política, como si el político transmutara en héroe legendario en estado de travesía. Esta frase complace una noción desdeñosa de «los papers» y de la «política de escritorio», pues éstos nublan la comprensión de la realidad, sobre supuestos lindantes con el «yo lo vi; no me lo contaron». Para el diputado Felipe Kast, por ejemplo, se trata de la pega más enriquecedora como legislador.

Pues bien, y lamentablemente para Kast, la comprensión de los problemas de la gente puede tener una utilidad en tanto que se tengan las competencias académicas y disciplinarias para poder entender los problemas de la gente (un sociólogo o un trabajador social disponen de herramientas metodológicas para comprender la realidad y poder elaborar algo a partir de esa comprensión). Más aún tratándose de un legislador, quien necesita rigurosos trasfondos técnicos y filosóficos para poder sustentar los proyectos de ley que desee proponer.

A diferencia de un alcalde, un legislador no puede determinar acciones para una comunidad tan directamente. Lo de un legislador no se trata de gestionar la instalación de luminarias o el levantamiento de una plaza: el campo de la responsabilidad de su cargo implica, ejem, la legislación. Y a un congresista le toca una pega más abstracta. Y no es algo opcional, sino la razón de ser de su investidura.

Esta percepción del «terreno» como lo concreto termina vinculando semánticamente al «escritorio» como lo abstracto. A partir de este punto, surgen distorsiones comprensivas que afectan el rigor argumental de las autoridades políticas. Formuladas como preguntas, a saber:

¿Se puede decidir una política pública y sugerir sobre la misma solamente a partir de las percepciones de la gente? ¿No tenderán esas percepciones a ser sesgadas complacientemente por el operador político a cargo del acto mediante el cual el legislador tendrá contacto con la gente?

¿Invocar «lo que me dice la gente» no termina siendo un circuito de reafirmación de lo concreto, de que sólo hay lo que se ve y nada más, por encima de cuestiones más abstractas, como la filosofía detrás de una política o el ethos de las personas afectadas por una política determinada existente o potencial?

¿No termina siendo toda esta reafirmación de lo concreto la erección autocomplaciente de un «sentido común» que separe a otras ideas y a otros planteamientos, por estar ajenos de lo «concreto» y así acusarlos de «ideologizados», como si se tratara de una amenaza a la voluntad por cohesionarse en torno a un discurso sensualmente consensual?

¿La política en primera persona no termina siendo (por presión social de «lo deseable» en la figura de un político) la búsqueda de la empatía forzada como un procedimiento burocrático, cual danza de apareamiento entre el legislador y su pueblo, sea este el de su territorio o el de otro?

Citaré las palabras del senador de Renovación Nacional Manuel Ossandón, publicadas en su página de Facebook.

«Ayer estuve en Punta Arenas por el día y la experiencia recogida fue extraordinaria. Me invitaron porque se inauguraba la sede de RN de esa ciudad, pero aproveché la oportunidad y le pedí (sic) a los organizadores que me llevaran a una junta de vecinos pues sé por experiencia que ahí sí podría conocer la realidad de los puntarenenses. La verdad no me equivoqué. (…) La conversación queridos amigos me dejó con más ánimo para trabajar, por mi experiencia como alcalde sé que la calle es lo que me permitirá no meterme en esa burbuja en que muchas veces los políticos se instalan».

Veamos las unidades que se vinculan con lo señalado anteriormente.

  • «Experiencia recogida»: la travesía del héroe.
  • «(Ir a equis lugar para) conocer la realidad»: afirmación y reafirmación de lo concreto.
  • «No me equivoqué»: reafirmación de que la creencia es la correcta.
  • «La calle es lo que me permitirá no meterme en esa burbuja»: definirse por oposición a cuanto es considerado «política de escritorio»; reafirmar el desdén hacia lo abstracto.

Las cualidades «todoterreno» de los legisladores procuran delimitar una superioridad moral en base a la experiencia propia. Sin embargo, esto equivale a considerar que cualquier intento de acumulación de relatos sin mayor metodología e insumo teórico que la intuición puede calificar como investigación. Nada muy distinto a las «investigaciones» de Pilar Sordo.

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